Una compartimentación deficiente abre fisuras estructurales, administrativas y de seguridad que comprometen la vida del edificio ante cualquier contratiempo. Una mala intervención abre vías de escape que terminan por anular cualquier medida de seguridad.
Propagación incontrolada
Existen riesgos como el efecto chimenea, donde un pequeño fuego en una planta baja acaba degenerando en humos tóxicos con llamas que pueden propagarse hasta zonas altas, llegando a abrumar el entorno. Esta problemática reduce tiempos de evacuación y aumenta colapsos.
Problemas en las inspecciones
Una mala sectorización provoca inspecciones desfavorables con sus consecuentes cierres y paradas de la actividad, afectando al día a día productivo del edificio.
Exclusión de coberturas
Son muchas las aseguradoras que vinculan sus pólizas al cumplimiento normativo. Una mala gestión de la compartimentación provoca rechazos en los pagos por agravios.
Responsabilidad penal
Un sistema deficiente responsabiliza de forma directa a la propiedad y a la gerencia. Cualquier defecto en la compartimentación o en los sistemas de protección pasiva conlleva a procesos judiciales graves, sobre todo en caso de incendio.
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